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opinión I archivo
La carrera del cine boliviano rumbo... ¿al Oscar? 02.10.2007
Autor: Sergio Patiño ALDEA CULTURAL
23.08.2007
Y es que la falta de cultura de
la mayoría de los periodistas es escandalosa. En todos los ámbitos,
o en casi todos; peor en temas artístico-culturales. No existe
sección cultural en TV; los "sabelotodo" que dizque cubren la
actividad cultural en Santa Cruz están más pendientes del hijo de
Desirée, del desnudo de Maricruz o de la vida sentimental de Shakira.
Así las cosas, lo máximo que podrán conocer de cine latinoamericano
será pues a Gael García Bernal ("ah, sí, he visto Amores Perros",
dirán). Y ahí se acaba todo.
Aprendida la lección del segundo festival, los organizadores buscaron a Gabriel García Márquez para el tercer festival, pero el colombiano no apareció. Y fue así que para el cuarto consiguieron traer a Raquel Welch, que irónicamente se transformó en la estrella más retumbante de la historia del festival, aun sin nunca haber actuado en una cinta latinoamericana. Demás está decir que su presencia logró con creces el impacto deseado por Ariel y compañía.
Pasaron los años y el festival fue madurando, pero el glamour de las primeras ediciones dio lugar a citas cada vez más austeras y ´Pidcas´ que repiten una y otra a vez a sus conferencistas. Si bien es cierto que la selección de películas continúa de altísimo nivel, un festival (como tal) es algo más que una muestra de largometrajes y, de alguna manera, habrá que encontrar los caminos para convertir el Iberoamericano de Cine en una verdadera fiesta que, además de inclusiva, llame la atención de los medios y provoque la búsqueda casi frenética por entradas que se registra en el público durante el Festival de Teatro.
Pese a ello, hoy empieza el noveno capítulo de este festival, con el homenaje a la joven actriz argentina Dolores Fonzi. A ella le tocará, en las pocas horas que estará en tierra cruceña, iluminar la primera jornada de esta cita, respondiendo —en lo posible— con una sonrisa a la sarta de preguntas idiotas que seguramente le harán periodistas que en su vida habrán oído hablar de ella.
La presencia de Fonzi recuerda mucho a la de su compatriota Leticia Brédice, que hace cuatro años también tuvo un paso fugaz por Santa Cruz, para fingir que no pasaba nada cuando el maestro de ceremonia la llamó de "Cecilia Brédice" y escuchar de una reportera preguntas superinteligentes sobre su vestuario y "lo bonito que estaban sus zapatos/¿dónde los compraste?".
Pero en fin... Decía que Brédice y Fonzi tienen su parecido. Además de porteñas, ambas son lindas, polémicas, fueron portada de Playboy y trabajaron con directores como Piñeyro y Bielinsky. Pero sobre todo son dos grandes actrices, talentosas y con un interesante camino recorrido —y por recorrer también—. Y, mientras sigan dejando su trabajo en la pantalla, tendremos qué ver y qué comentar.
Y así será, porque —aunque Unitel no tenga la menor idea— por acá ya estuvieron Fernando Birri, Miguel Littin, Jorge Fons, Mirtha Ibarra, Paul Leduc, Ruy Guerra, Marcelo Piñeyro, Tamara Acosta, Sergio Cabrera y una lista interminable de realizadores y actores. Lista ésta que seguirá creciendo. Que la luz se apague y la cinta empiece a correr. Bienvenido IX Festival Iberoamericano de Cine de Santa Cruz.
Autor: Sergio Patiño ALDEA CULTURAL
¿Quién dijo que la gente no paga para ver una obra? 30.06.2007
Las razones para que el Teatro de
Los Andes logre semejante impacto en el público son obvias. Son
profesionales, y eso se nota. La diferencia para la mayoría de los
grupos nacionales queda muy explícita cada vez que se presentan.
Claro está, el problema no es de talento (o de la falta de este
elemento). Quien conoce algo de los actores bolivianos, sabe de lo
que son capaces y se imagina de lo que serían si éstos tuvieran los
medios como para crecer y desarrollarse en su profesión. Autor: Sergio Patiño ALDEA CULTURAL
28.05.2007
Utiliza Chávez el argumento de que RCTV es un canal mentiroso (me imagino que el medio veraz es todo aquel que lo apoya, así como en Bolivia seguramente TVB es el modelo de lo que Evo considera un medio pluralista e independiente). Despotrica el venezolano en contra de los dueños del canal caraqueño, acusándolos de golpistas, olvidándose que también él ha sido uno en un pasado no tan distante —golpista fracasado, pero golpista al fin.
Confieso que en algún momento —hace ya algunos años— tuve cierta simpatía por Chávez. ¿Habrá sido por sus bravuconadas en contra del idiota de Bush o porque las personas involucradas con el arte casi siempre tenemos una fuerte inclinación hacia la izquierda? Tal vez por los dos motivos; probablemente a muchos les pasó lo mismo. Sea como fuere, esa simpatía internacional ha sido menor de la que hoy goza nuestro exótico Evo Morales, que gran parte de los europeos adora, menos por sus ideas que por su forma de hablar y sus pintorescas vestimentas y costumbres.
Desde afuera, izquierdistas de todo el mundo deben ver a Evo como la respuesta al imperialismo y a la globalización. Pero los que vivimos la realidad de su (des)gobierno sabemos que su desprecio por la democracia y su obsesión por implementar un régimen totalitario y que le permita enquistarse en el poder no nos llevará a ninguna parte (a la que valga la pena ir). Y no importa si el gobierno (o la dictadura) es de derecha o izquierda. Esto, dicho en el supuesto de que haya alguna diferencia entre las dos, puesto que ambas persiguen lo mismo: cuando no son parte del poder, lo buscan desesperadamente y, cuando lo tienen, procuran los medios de perpetuarse en él.
Ahora bien. El tema no es el poder político sino el poder de la prensa. Sí, porque no se debe dudar ni un solo segundo del poder que tienen los medios en la formación y construcción de las sociedades —poder que al mismo tiempo conlleva una enorme responsabilidad—. Infelizmente, se debe reconocer que en muchos casos la libertad de prensa es realmente un libertinaje y que la Ley de Imprenta no sirve más que para dar poderes casi ilimitados a los periodistas. Por lo menos, muchos de éstos así lo creen. Nada como el poder otorgado por un rígido y bien puesto micrófono, ¿verdad?
En México tenemos a dos canales sin respeto alguno a la ética (uno de ellos es conocido por haber siempre estado muy cercano al PRI y colaborado para que ese partido permaneciera por siete décadas usufructuando del poder). En Perú tuvimos un ejemplo relativamente reciente, con América, canal de televisión que realizó una campaña casi abierta a favor de Alberto Fujimori, al mismo tiempo en que difamaba a su contrincante Alejandro Toledo. Más tarde, se destapó el escándalo de los vladivideos y la constatación de lo que todos sabían: América era un canal vendido al oficialismo.
En Brasil, es conocido el poder que tiene la red Globo, el más visto e influyente medio de comunicación de ese país, capaz de haber prácticamente puesto en el poder a un presidente (Fernando Collor de Melo, de triste memoria para los brasileños) y evitado la victoria de Lula da Silva en los comicios de 1989. La misma red Globo hizo una campaña descarada para intentar poner a Geraldo Alckmin en la Presidencia el año pasado. Su feroz arremetida se dio al lado de otros gigantes, como la revista Veja, el diario Folha de São Paulo y el canal de TV Record (esta última patrocinada con el diezmo que millones de brasileños dan a la Iglesia Universal del Reino de Dios). De esta vez, sin embargo, la guerra desatada no dio resultados y Lula pudo reelegirse, en una muestra de que los medios, por más poderosos que sean, no siempre ganan.
En Bolivia, tenemos —más específicamente en Santa Cruz de la Sierra— dos canales de televisión cuyo único objetivo es lucrar, aun cuando para obtener dicho fin deban romper todas las reglas de ética y respeto a la dignidad humana. "Es lo que el público pide", aseguran. Argumento mediocre pero que encuentra respaldo en los buenos índices de audiencia y, por consiguiente, en generosas partes de la torta publicitaria. No importa si es el idiota de lentes con sus encuestas de televoto o el carnicero que funge como jefe de prensa de un canal que la mayoría ve, pese a representar lo más ordinario, despreciable y bochornoso del "periodismo", así entre comillas, porque eso puede ser cualquier cosa, menos lo que yo entiendo como periodismo —el de verdad.
Ante tanta falta de profesionalismo, dignidad y moral, no es raro que se quiera acallar a la prensa so pretexto de regular sus contenidos (la palabra censura suele ser evitada porque remite a los tiempos de las dictaduras militares). Que el bajo nivel de gran parte de la prensa en nuestros países deba ser motivo para más de una reflexión es algo difícil de negar, pero que nadie se equivoque: las verdaderas razones nunca son las correctas y la defensa de la calidad de los contenidos no es más que un eufemismo para disimular el claro intento de callar voces contrarias y apropiarse de la verdad. Ése ha sido, desde siempre, el sueño de muchísimos gobiernos. La diferencia es que Chávez amenazó, luego prometió y ahora cumplió.
Está claro que no queremos medios tan malos e irresponsables (que no son todos) como los que tenemos, pero más claro aun es que no queremos que nos digan qué debemos o no debemos ver, y que falsos profetas, por más investidura que tengan, hagan lo que les dé la gana, sin respetar el derecho a voz de los que no están de acuerdo con ellos, pues nada puede ser más detestable que un gobierno que busca que todos piensen igual a él.
Así las cosas, que lo ocurrido en Venezuela sirva para la reflexión aguda y desapasionada. En Bolivia, por el delicado momento en que vivimos, eso es algo fundamental, aunque lo más probable es que mucha gente siga practicando el viejo y consabido onanismo nacional cada vez que nuestro presidente le quite la visa a los gringos, le gane la pulseada a Petrobras o lance improperios contra los imperialistas y las transnacionales. Yo no tomo Coca-Cola ni me gusta el McDonald´s, pero otra cosa es gobernar un país... Es cierto, de desubicados e irresponsables está lleno el mundo. Pero lo grave es que nos están gobernando. Autor: Sergio Patiño ALDEA CULTURAL
VI Festival Internacional de Teatro Santa Cruz 10.05.2007
Educación. El público cruceño parece cada vez más educado y apto para ver obras de teatro. Y aunque algunos todavía insistan en mantener su celular encendido, quiero creer que son cada vez menos. Por otra parte, tenemos a una audiencia más madura, capaz de acompañar obras más complejas, como ocurrió en el caso de "Crudo" (de Kíkinteatro). Aunque un periódico local publicó que "el desnudo en la obra causó revuelo", yo puedo afirmar que si hubo algún revuelo, éste sólo ocurrió en la mente del periodista, puesto que el público fue muy respetuoso y guardó silencio en todo momento (sí, de esta vez no se escuchó ni una sola manifestación de susto o vergüenza entre los espectadores, como en más de una ocasión ocurrió en años anteriores). Con todo esto, APAC cumple con su objetivo de ir formando un público. El festival empieza a dar sus frutos.
Participación de las provincias. Sin duda, un acierto de los organizadores. Pese a la evidente falta de escenarios adecuados, el público, en la gran mayoría de los casos, respondió y disfrutó de las obras presentadas. Los artistas supieron darle la vuelta a las limitaciones y brindaron su talento a los espectadores que se hicieron presentes.
Artistas: Amables, accesibles y siempre dispuestos a compartir con la gente y a ofrecer funciones que no estaban programadas. Muchos —como Nanny Cogorno y Maku Jarrak— derrocharon simpatía y se metieron al público en el bolsillo.
Obras: No es cosa de todos los días tener a obras de tanta calidad como "Otra Vez Marcelo", "The Works" o "El Método Grönholm". Otro puntazo para el festival, que logró traer a artistas de renombre internacional y proporcionar al público espectáculos de primer nivel.
Lo malo
Cuando, más tarde, llamé a la oficina de APAC para preguntar sobre la función del día siguiente, me indicaron que hiciera fila a partir de las 9:00. En ningún momento hicieron referencia alguna a los tickets. Una vez más, faltó información.
La principal recomendación que haría sería aumentar la opción al público, programando obras con entrada gratuita y pagada al mismo tiempo. Todos saben que grupos como Kíkinteatro, Mondacca Teatro y, muy especialmente, el Teatro de los Andes tienen una convocatoria que permitiría tranquilamente programar al menos una función pagada con éxito asegurado. Puedo asegurar que una obra del Teatro de los Andes es capaz de llenar cualquier teatro de esta ciudad con o sin cobro de entradas. No se trata de "elitizar" el festival, sino de dar opciones a la gente que está dispuesta a pagar (hay muchísima) por ver determinadas obras, sin dejar de brindar funciones gratuitas.
Con todo, puedo decir sin miedo a equivocarme que éste ha sido uno de los más interesantes festivales ya realizados (ya van seis ediciones). El festival está más maduro y, si hubo errores, se debe más a la falta de recursos humanos, logísticos y sobre todo financieros. Habría que lograr que la Prefectura de Santa Cruz —demostrando que realmente representa la modernidad y la productividad en el país (¿será cierto?)— "le ponga coto" al festival y garantice su realización y crecimiento. Y por cierto: ¿Será mucha ilusión pedir que la cita sea anual? Es que abril de 2009 está tan lejos... En fin, conjeturas...
La gente de APAC merece un aplauso. De no ser por ellos, no viviríamos esos once días mágicos cada dos años. Autor: Sergio Patiño ALDEA CULTURAL
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