Tag Archive for Glenda Rodríguez

Un elenco de lujo lleva un gran clásico japonés a las tablas

La Escopeta de Caza en Bolivia

Tres actrices interpretan a las mujeres de la vida de un solitario escritor l Foto: Paola Ríos

La Escopeta de Caza, inquietante novela del célebre escritor nipón Yasushi Inoue, llega al escenario del CCP en esta adaptación teatral de Percy Jiménez. La obra estará en cartelera del 1 al 3 de marzo en el CCP, en Santa Cruz de la Sierra.

Read more

Share

Olvidados: de cuando tienes todo, menos un buen guión

Carla Ortiz, en escena de Olvidados (2014)

Carla Ortiz protagoniza el filme que también produjo y escribió l Foto: Difusión.

Sí, ya sabemos que estas cosas cuestan —y mucho—, y ese es un motivo más para que se trabajen mejor cuestiones tan fundamentales como el guión.

Estrenada hace una semana en las principales salas bolivianas, Olvidados es una de esas películas que aparentemente lo tiene todo: un buen director (Carlos Bolado, que anteriormente presentó trabajos como Baja California, la excepcional Promises y Solo Dios Sabe), un excelente reparto internacional (en el cual se destacan nombres como Damián Alcázar, Tomás Fonzi y Manuela Martelli), buen presupuesto y gran despliegue publicitario. Lástima que —irónicamente— se “olvidaron” de lo más importante: contar con un buen guión.

Olvidados se propone echar una mirada a uno de los periodos más tristes de la historia latinoamericana, cuando varios países del continente vivían bajo la dictadura militar y en el cual se concertó la Operación Cóndor para reprimir a los opositores. Sería lógico, entonces, encontrar una película fuerte, con un mensaje contundente y que nos permitiera sentirnos en la piel de los prisioneros, así como esa rabia visceral hacia los torturadores. Sin embargo, nada de eso ocurre, ya que la cinta carece de fuerza en los diálogos y de personajes con los cuales uno se identifique.

En efecto, el primero y el mayor de los problemas de esta película son sus pobres diálogos, algunos tan infantiles que uno se pregunta cómo fue que un director tan capaz como Bolado no “metió mano” para mejorarlos. Se nota claramente que Carla Ortiz, productora y coguionista del film y una de las protagonistas, ganó la pulseada con el realizador a la hora de imponer su visión artística. De hecho, su discurso en la cárcel en contra de la intolerancia de ambos bandos y los parlamentos llenos de cursilería que su personaje intercambia con el marido están entre lo peor del largometraje. Le hacen competencia las líneas de Bernardo Peña y Jorge Ortiz, este último en el rol de un oficial de Migración (aunque yo hubiese jurado que estaba viendo al mismo tipo de American Visa) en una subtrama totalmente intrascendente, aunque supuestamente ganara alguna relevancia al final.

La otra grave dolencia del film es la escasa profundidad de sus personajes. No hay uno solo que nos resulte entrañable. Del lado de los represores, demás está decir que, a menos que seas facho, difícilmente te vas a identificar con el protagonista, interpretado por Alcázar, en la piel de un ex militar al borde de la muerte, atormentado por los recuerdos del pasado. Por cierto, me resulta muy difícil creer en un personaje así; o sea, en el general retirado que —¡pobrecito!— no puede estar tranquilo con su conciencia, luego de haber torturado y matado a un sinfín de “subversivos”. Del lado de los guerrilleros, tampoco logro tener empatía con alguno. En una de las escenas peor resueltas de la película, por ejemplo, Andrea (Ana Celentano) cuenta todo sin que nadie se lo pregunte: por qué está en la cárcel, cómo mataron a su marido, cómo lo extraña… Todo tan terriblemente digerido que es imposible lograr cualquier tipo de conexión con ella o con su historia. ¿Cómo se pretende sensibilizar al espectador con palabras en lugar de hacerlo sentir?

Volviendo a las melosas escenas protagonizadas por Carla Ortiz y Carloto Cotta, debo hacer referencia a su contrapunto, uno de los aspectos más extraños de esta irregular cinta: el uso de una excesiva violencia para mostrar las torturas a las que eran sometidos los que eran considerados subversivos. Así, el largometraje se convierte en un monótono festín de escenas que la asemejan más a Hostel, con la diferencia de que esta última es mucho más divertida, porque sabemos que se trata de ficción, mientras que lo que se retrata en Olvidados ocurrió en la realidad. Por esa misma razón, se siente la falta de un tratamiento más acertado, en lugar del recurso facilista de la violencia gráfica. Recuerdo el efecto que causó en mí otra película sobre la dictadura, La Noche de los Lápices (Argentina, 1986), cuyo director, Héctor Olivera, demostró tener muy claro de que, en el cine, menos es más. Es esa la contundencia de la cual carece el film de Bolado, cuyos excesos, lejos de golpear al espectador, lo hastían hasta la indiferencia —algo terrible, considerando el tema abordado.

La propuesta flota entonces entre diálogos muy débiles, algunos más adecuados para una telenovela, y escenas de una violencia que no logra causar el efecto deseado. Desde luego, también hay puntos positivos: una muy buena producción, interesante ambientación y el logro de reunir a un elenco de mucho nivel y experiencia, salvo algunos nombres. Y, si en mi reseña de También La Lluvia hice mención a lo maravilloso que es ver a actores como Alejandra Lanza, Bernardo Arancibia y Glenda Rodríguez, así fuera en papeles pequeños, acá disfruté de las cortas apariciones de Daniela Lema, Claudia Eid y Patricia García. Quiero verlos más a todos. Por eso también es penoso ver una oportunidad como esta desaprovechada: con gran presupuesto y publicidad, Olvidados es una producción que seguramente tendrá buen público en las salas, luego de tantos fracasos del cine boliviano en la taquilla. Era una buena ocasión para reconciliar el público local con su cinematografía, además de arrojar luz sobre un periodo tan oscuro, que merecía una mirada más aguda y una puesta en escena más acertada.

Share

También La Lluvia ingresa a otra semana de exhibición en cines

Juan Carlos Aduviri es la gran revelación en la cinta de Icíar Bollaín l Foto: Difusión


La película También La Lluvia, de la española Icíar Bollaín y que cuenta en su reparto con actores como los mexicanos Gael García Bernal y Cassandra Ciangherotti y los ibéricos Luis Tosar y Karra Elejalde, ingresa a su segunda semana de exhibición en las salas de cine de Bolivia, país donde fue rodada la cinta.

El filme cuenta la historia de un equipo de producción español que llega a Bolivia para realizar un largometraje a fines del siglo pasado. Liderado por el director Sebastián (García Bernal) y el productor Costa (Tosar), el grupo tiene como objetivo filmar una película que relata la conquista de América, con las injusticias y abusos cometidos por los colonizadores. Al mismo tiempo, Cochabamba —la ciudad donde se lleva a cabo el rodaje— vive un ambiente de rebelión popular, que deriva en la denominada Guerra del Agua, debido a la insatisfacción de la gente por la privatización del servicio de suministro del líquido elemento.

Además de los artistas extranjeros, la cinta cuenta con la presencia de actores nacionales en su elenco, como Jorge Ortiz, Glenda Rodríguez, Bernardo Arancibia y Alejandra Lanza. Pero la participación más destacada es la de Juan Carlos Aduviri, que realiza su debut fílmico en esta película, y cuyo desempeño le valió una nominación a los Premios Goya, como mejor actor de reparto. Su papel es el de un líder popular (Daniel) que, al margen de su lucha social, tiene también un rol importante en el largometraje dirigido por Sebastián.

También La Lluvia es considerada una de las producciones extranjeras más grandes ya filmadas en el país, teniendo paralelo tan sólo con Che, de Steven Soderbergh, rodada hace tres años en territorio nacional. Elegida para representar a España en los Premios Oscar 2011, se adjudicó tres Goya en la ceremonia realizada el último 13 de febrero: mejor actor de reparto (Karra Elejalde), música original (Alberto Iglesias) y dirección de producción; además, estuvo nominada en otras diez categorías.

Luis Tosar y Gael García Bernal son los protagonistas

Una película potable y llena de buenas intenciones 

Estrenada con expectativa en Bolivia, También La Lluvia tiene el mérito de haber traído al territorio nacional estrellas de la talla de Gael García Bernal y Luis Tosar, los cuales vivieron por algunas semanas de 2009 en Cochabamba. Asimismo, hizo conocido a un hasta entonces ignoto Juan Carlos Aduviri, que acarició al alicaído orgullo boliviano al ser nominado para un premio Goya. Todo esto sin contar el valor de haber hecho del país la locación principal de una producción de esta naturaleza (y aquí me permito una mención especial de admiración a Gerardo Guerra y Rodrigo Bellott, que no por casualidad también estuvieron involucrados en Che, de Soderbergh).

No eran pocos, por lo tanto, los motivos para esperar con ansias esta película, ya que habría que añadir que Bollaín, la directora, hace algunos años se había destacado con su largometraje Te Doy Mis Ojos, multigalardonada cinta también protagonizada por Tosar, en la cual abordaba el maltrato hacia la mujer. Sin embargo, pese a las buenas intenciones del guión, a la buena factura técnica de la producción y a la presencia de actores de indiscutible talento, También La Lluvia tiene un resultado mediano por varios motivos.

El primero de los elementos que juega en contra de la película es su guión. Pues sí, el mensaje manifiesto (la desigualdad social, la explotación indígena, el maltrato de los colonizadores y la vigencia de esas condiciones) es digno y correcto, pero ya nos lo sabemos de memoria. Para escribir un guión, son necesarias más que buenas intenciones. Un texto sin dobles lecturas y que ofrece todo masticado y digerido al espectador no tiene posibilidad de resultar en pantalla. Demasiado potable, demasiado directo y fácil.

Tampoco resultan verosímiles varias de las situaciones planteadas en la trama. Muchas acciones ocurren por pura casualidad, desobedeciendo el principio básico de causa-consecuencia que debe haber en cualquier historia que tenga por objetivo ser, cuando menos, creíble. De todas esas secuencias, las más desacertadas son sin duda aquellas que se encuentran al final, en ambos casos involucrando al personaje de Tosar; no las describiré por razones obvias, pero una tiene que ver con su dilema en acompañar a una señora en medio al conflicto —el momento más tenso pero al mismo tiempo injustificado de la película— y la otra con un encuentro con el personaje de Aduviri.

Para terminar de mermar lo que podría haber sido una gran historia, el final logra reunir tres de los grandes defectos de esta producción: la inverosimilitud (presente en buena parte del metraje; sencillamente no te crees lo que está pasando, simple como eso), la sensiblería (no son pocas las escenas que se acercan más a la telenovela que al cine) y un cierto airecillo colonialista, una mirada que se siente complaciente y francamente incómoda sobre el pueblo indígena y latinoamericano en general.

Respecto a los actores, hay que decir que Tosar es un grande, pero que da para mucho más; su desempeño no va mucho más allá de lo correcto. Sin embargo, me gusta su papel, el del productor que parece sólo importarse en realizar el filme y no salirse del presupuesto. Aunque aparenta ser ‘el malo’, me encanta, porque piensa exactamente como lo hace cualquier productor, en ningún momento me cae antipático su personaje. A su vez, García Bernal está insípido y hasta desganado a ratos, una lástima. Del trío protagónico extranjero, el que se lleva la flor es el vasco Karra Elejalde, que en más de una ocasión se roba la escena en la piel del veterano actor Antón.

Entre los bolivianos, es muy grata la revelación de Juan Carlos Aduviri, que tiene presencia en pantalla y cuyos silencios y miradas están entre lo mejor que nos presenta esta cinta. El novel actor parece tener claro que, en cine, menos es más, y logra un registro notable, sin duda es un intérprete a observar con más atención. Y qué bueno es ver a Glenda Rodríguez, Bernardo Arancibia y Alejandra Lanza, así sea en roles pequeños. Realmente necesitamos más cine propio y vernos más a nosotros mismos, es una verdadera delicia identificar a gente tan talentosa en la película, ojalá fueran más los minutos en que los pudiéramos ver.

Antes de cerrar, es importante destacar que, si bien el guión tiene problemas, también reserva momentos muy interesantes y que se disfrutan bastante, en algunos casos a cargo de los personajes secundarios, como Juan/Antonio de Montesinos (Raúl Arévalo) y Alberto/Bartolomé de las Casas (Carlos Santos) —muy buenos ambos—. Particularmente me gustó la escena en que el equipo técnico está cenando, con un Antón muy inspirado y dándole vida a la película, ¡tremendo Karra! Técnicamente, ya se ha mencionado que el largometraje tiene muchas cualidades, con un excelente trabajo de producción, arte y fotografía.

Finalmente, a favor de la película está el hecho de que el relato es fluido y los 103 minutos de duración de la cinta transcurren sin que haya pérdida de interés por parte de los espectadores. Es una señal de que la historia está bien contada, aunque peca por su escasa profundidad. Aun así, vale la pena verla, aunque sea para darse el gusto de ver al país retratado en una gran producción, espléndidamente filmada, hay que decirlo. Una muestra, además, de que se pueden realizar emprendimientos de esta magnitud en Bolivia. Sin embargo, la Guerra del Agua, simple alegoría en el filme, sigue esperando una mirada quizás menos espectacular, pero más aguda en la gran pantalla.

Share