
El asesinato de Araceli fue tema de dos libros y un documental l Foto extraída de Orkut
Originalmente publicado el 18 de mayo de 2011 l Esta nota en portugués
A exactamente 38 años, la niña Araceli Cabrera Sanches Crespo era asesinada en Vitoria, Espíritu Santo, en uno de los más violentos crímenes de la historia de Brasil. El cuerpo, desfigurado y con marcas de tortura y abuso sexual, fue encontrado casi una semana después, y la fecha de su muerte se convirtió en el Día Nacional del Combate al Abuso y Exploración Sexual de Niños y Adolescentes en ese país, mediante ley sancionada en 2000.
La fecha fue elegida por la brutalidad con la que el asesinato fue cometido. La niña, que estaba próxima a completar nueve años, fue golpeada, violada y drogada, y tuvo los pezones y la vagina dilacerados a mordiscos. Su cuerpo fue encontrado en un terreno baldío, quemado y desfigurado con ácido. Sus verdugos pertenecían a familias tradicionales y muy influyentes en el estado, razón por la cual tanto la Justicia como la Policía fueron negligentes e, incluso, corruptas.
Araceli, nacida el 2 de julio de 1964 en Vitoria, y muerta en 1973, con tan sólo ocho años y diez meses de vida, era la segunda hija del electricista Gabriel Crespo y de la boliviana Lola Cabrera, en esa época radicada en Brasil. La muchacha vivía con los padres y con el hermano mayor, Carlitos, en una casa humilde de la ciudad de Serra, vecina de la capital del estado, en una calle que en ese tiempo tenía el nombre de São Paulo, pero hoy se llama Calle Araceli Cabrera Crespo, en homenaje a la niña.
El asesinato de Araceli, que nunca fue aclarado y cuyos culpables jamás fueron punidos, estremeció la población de Vitoria, generó indignación nacional y fue tema de varias publicaciones en los medios y en la literatura. La más famosa de ellas fue el libro “Araceli, Mi Amor”, de José Louzeiro, lanzado en 1975. Treinta años después, fue el turno de los entonces estudiantes Tatiana Beling y Diego Herzog realizaren el cortometraje Caso Araceli, La Cobertura de la Prensa, en el cual enfocaban el tratamiento dado por los medios al caso.
Cronología del crimen
En el día 18 de mayo de 1973, Araceli salió más temprano de la escuela, a pedido de su madre, que había escrito un billete para la profesora. La niña se dirigió entonces a un edificio llevando un sobre, que contenía —sin que ella supiera— drogas para ser entregadas a un grupo de muchachos, hijos de familias ricas e importantes de la ciudad y que eran conocidos por su gusto en realizar orgías regadas a narcóticos, alcohol y sexo.
Al llegar al lugar indicado por Lola, que era quien proveía de drogas a los jóvenes, Araceli se deparó con ellos, que ya se encontraban bajo los efectos de la cocaína. Éstos la atacaron y la mataron con desmesurada crueldad, dislocando su quijada a puñetazos y lacerando a mordiscos sus pezones, parte de la barriga y su vagina. Según una testigo, antigua amante de uno de los involucrados, Araceli fue violada y dopada con una fuerte dosis de LSD, a la cual no resistió; exámenes periciales constataron después que la niña fue también asfixiada.
El cuerpo de la muchacha fue encontrado desnudo y desfigurado, seis días después del crimen, en un terreno baldío. Antes, el cadáver había sido llevado para el bar de Jorge Michelini —a quien supuestamente la droga estaba dirigida, y cuyo sobrino, Dante, estaría involucrado en el crimen— y dejado por varios días en el congelador del local, ubicado en una transitada calle de la ciudad. Todo esto fue hecho sin ningún cuidado en evitar testigos, tal era la certeza de impunidad de los asesinos y sus cómplices. Finalmente, un ácido corrosivo fue vertido sobre los restos mortales de la niña para dificultar su identificación.
Pese a que Gabriel Crespo reconoció el cuerpo de la hija por una marca de nacimiento, la certeza vino en un día en que él llevó el perrito de la niña, Radar, al Instituto Médico Legal (IML). Al llegar al local, el animal —que había recibido ese nombre porque siempre la ubicaba— se dirigió inmediatamente a la heladera y pasó a arañar el cajón en que se encontraba el cadáver de su dueña. Éste permanecería aún dos años y medio en el IML, antes de ser enviado para una autopsia en Río de Janeiro y posteriormente sepultado, en 1976.
Los principales sospechosos del crimen fueron Paulo Constanteen Helal y Dante Michelini Junior: el primero, hijo de un latifundista miembro de la masonería del estado; y el segundo, heredero de un rico exportador de café. De acuerdo con versiones no confirmadas, ambos organizaban fiestas en las cuales se drogaban y violaban a menores de edad en departamentos mantenidos únicamente para ese fin. Lola, que era hermana de narcotraficantes de Santa Cruz de la Sierra —para donde se trasladó años después, dejando atrás marido e hijo— había utilizado la hija como ‘mula’, tal vez sin intuir su destino.
Aunque hubo testigos en contra de los dos jóvenes, Helal y Michelini fueron absueltos en un último juicio, en 1991, y actualmente nada más puede ser hecho, ya que el crimen prescribió. Según Louzeiro, más de diez personas que podrían ayudar a esclarecer el caso fueron muertas, entre ellas el sargento José Homero Días, asesinado con un disparo en la espalda, cuando estaba próximo a finalizar las investigaciones. Aún de acuerdo con el escritor, los acusados se convirtieron en “padres de familia católicos, señores arriba de cualquier sospecha” y sus familias siguen como “dueñas del estado de Espíritu Santo” hasta hoy, casi cuatro décadas después del asesinato que conmocionó Brasil.

Además del corto, muchos reportajes y hasta libros fueron escritos sobre el caso l Foto: Internet
El cortometraje
En 2005, dos estudiantes del curso de Radio y TV en Vitoria decidieron realizar un documental sobre el crimen como trabajo final de graduación. En el cortometraje Caso Araceli, La Cobertura de la Prensa, Tatiana Beling (directora) y Diego Herzog (productor) echaron una mirada hacia la conducta de los medios de comunicación de la época con relación a las investigaciones, a través de varias entrevistas y testimonios, principalmente de periodistas.
La idea del corto, que recibió cuatro premios, entre ellos el de mejor documental en el Primer Festival de Cine de Colatina, surgió luego de que Beling leyera el libro de Louzeiro. En el blog de la producción del video, ella cuenta que, además de periodistas, intentó entrevistar sin éxito a los acusados del brutal asesinato. “Llamamos a uno de los sospechosos del crimen, Paulo Helal, y como era previsible, él colgó el teléfono en nuestra cara”, lamenta.
La directora recuerda también que el juez que absolvió a los reos la llamó para ir a su casa, sin cámaras, para una charla ‘en privado’, puesto que los estudiantes estarían ‘hurgando en un avispero’. Aun así, Beling asegura no tener certeza sobre la identidad de los asesinos, ya que varios testimonios son contradictorios, revelando cómo el sensacionalismo y el ímpetu de vender periódicos definió la conducta de muchos reporteros en esa época.
Herzog comparte la opinión de su compañera de trabajo y considera que la prensa realizó una cobertura llena de fallas, como publicar fotos del cuerpo de Araceli y noticias sin confirmación de alguna fuente oficial. El productor piensa que el crimen dejó una lección que debe ser asimilada. “Lo más importante es el valor simbólico que ese caso representa, debemos atribuir a él un carácter pedagógico para que los mismos errores no vuelvan a ser cometidos”, reflexiona.
En breve entrevista, los dos realizadores cuentan algunos detalles del documental —que fue aprobado con la nota máxima en la universidad—, critican la conducta de la prensa y comentan acerca de las dificultades de concretar el cortometraje, producido con tan sólo 700 reales (en valores de hoy, cerca de 400 dólares), cubiertos por ellos mismos.
Con información de Crimes Famosos, Dossiê Pedofilia y Wikipedia.
Documental de Tatiana Beling y Diego Herzog: Parte 1 l Parte 2 l Parte 3 l Parte 4
Más informaciones: Blog de la producción l Canal sobre el caso en YouTube
Orkut: Comunidad de debate l Perfil con fotos e informaciones
Otros trabajos de Diego Herzog: Canal en YouTube l Canal en Vimeo
Tatiana Beling I Directora del cortometraje
Caso Araceli, La Cobertura de la Prensa
“Lo que ocurrió no fue hecho por dos personas”
ALDEA CULTURAL (AC). El asesinato de Araceli es uno de los crímenes más conocidos de la historia del Espíritu Santo y hasta hoy no fue aclarado. ¿Qué los llevó a realizar el cortometraje?
TATIANA BELING (TB). Estábamos en el final del curso de Radio y TV y queríamos hacer un documental acerca del caso, después que leí el libro “Araceli, Mi Amor”, de José Louzeiro. Nuestro orientador sugirió que cambiáramos, haciendo un documental sólo sobre la cobertura de la prensa en el caso.
AC. Y después de todos los testimonios recogidos, ¿cómo evalúas la cobertura de los medios en la época para el caso?
TB. Lo que evalúo es que no cambió nada desde aquella época hasta hoy. Vamos a recordar el caso de la Escuela Base en São Paulo. Los dueños de la escuela fueron acusados de manera injusta, pero hasta que la Justicia lo comprobara el sensacionalismo habló más alto y no se hablaba en otra cosa. Y al periodista le gusta mucho acusar y sacrificar a un reo, escribiendo reportajes de páginas enteras, pero cuando debe publicar que la persona fue absuelta ponen solamente una nota. El sensacionalismo, el vender periódico, el ganar dinero siempre habla más alto en esas horas.
AC. Frecuentemente se atribuye la autoría del crimen a Paulo Helal y Dante Michelini, que no concedieron entrevista para el corto. En tu opinión, ¿es posible afirmar que ambos estuvieron involucrados? ¿Tienes alguna versión para lo sucedido?
TB. Hablando sólo por mí, no creo que Paulo Helal tuvo alguna responsabilidad en el asesinato en sí. A partir de varias entrevistas que hice (no sólo las que entraron al documental), yo pienso que la función de él en el crimen solamente fue la de desaparecer con el cuerpo. El momento del crimen, todo lo que ocurrió, no fue hecho sólo por dos personas, creo que hay varias involucradas, pero eso es una suposición personal. Muchas personas que no fueron nombradas en el proceso, pero fueron mencionadas por las personas que entrevisté, están involucradas. Sólo prefiero no mencionar nombres, porque no creo ser correcto acusar sin tener certeza, yo infelizmente no era ni siquiera nacida en aquella época.
AC. Seis años después de haber rodado el documental, ¿cuáles son tus recuerdos de las filmaciones? ¿Cuál fue la mayor dificultad en realizarlo y en qué medida el corto modificó tu visión sobre el caso?
TB. Una de las dificultades que me afectaron fue la negativa de Paulo Helal en hablar sobre el caso, él colgó el teléfono en nuestra cara cuando mencionamos el tema. Otro fue un juez que absolvió a los reos, llamándonos para ir a su casa solos y sin cámaras para conversar en particular, pues estábamos hurgando en un avispero. En ese momento sonó como amenaza, hoy ni sé. Pero las entrevistas en sí fueron muy productivas y bien aprovechadas. Otro gran problema que tuvimos fue uno que es el más común para videomakers en Brasil: dinero. Grabamos nuestro documental con sólo 700 reales.
Diego Herzog l Productor del corto
Caso Araceli, La Cobertura de la Prensa
“El corto me hizo mirar el caso por otra perspectiva”
ALDEA CULTURAL (AC). El asesinato de Araceli es uno de los crímenes más conocidos de la historia del Espíritu Santo y hasta hoy no fue aclarado. ¿Qué los llevó a realizar el cortometraje?
DIEGO HERZOG (DH). En la época de elegir el tema del TCC [trabajo de conclusión de curso] Tatiana estaba leyendo el libro “Araceli, Mi Amor”, de José Louzeiro. Como sería muy difícil entrevistar los personajes involucrados en ese crimen (policías, jueces, abogados, los acusados), algunos incluso ya habían fallecido, la mamá de Tatiana sugirió que hiciéramos un recorte a partir del papel de la prensa en la cobertura del caso.
AC. Y después de todos los testimonios recogidos, ¿cómo evalúas la cobertura de los medios en la época para el caso?
DH. Hasta hoy es muy difícil hacer ese tipo de reportaje que involucra abuso sexual infantil y pedofilia. Periodistas siguen cometiendo errores como entrevistar a la víctima haciendo con que ella reviva el trauma, por ejemplo, imagina entonces en la época en que el crimen ocurrió, cuando aún no existía el Estatuto del Niño y del Adolescente. A partir de los testimonios de los periodistas podemos llegar a la conclusión de que hubo sensacionalismo por parte de la prensa: publicación de noticias sin confirmación de fuente oficial, noticias forjadas, publicación de fotos del cuerpo de la niña. Sería un excelente momento para la prensa agarrar ganchos en temas que estaban relacionados al crimen, como narcotráfico y aumento del uso de esas sustancias aquí en Espíritu Santo, por ejemplo, pidiendo la opinión de psicólogos, asistentes sociales, antropólogos, jueces. En su lugar prefirieron seguir por una línea de periodismo sensorial y no informativo.

Tatiana y Diego exhiben su trabajo l Cortesía
AC. Frecuentemente se atribuye la autoría del crimen a Paulo Helal y Dante Michelini, que no concedieron entrevista para el corto. En tu opinión, ¿es posible afirmar que ambos estuvieron involucrados? ¿Tienes alguna versión para lo sucedido?
DH. No puedo afirmar si ellos estaban involucrados en el crimen y no era ésa la intención cuando yo y Tatiana decidimos hacer el documental. Si la Justicia los absolvió, ¿de qué sirve que hagamos especulaciones respecto a la culpabilidad de quienquiera que sea? Aun si ellos se confesaran culpables, el crimen ya prescribió. Para mí lo más importante es el valor simbólico que ese caso representa, debemos atribuir a él un carácter pedagógico para que los mismos errores no vuelvan a ser cometidos.
AC. Seis años después de haber rodado el documental, ¿cuáles son tus recuerdos de las filmaciones? ¿Cuál fue la mayor dificultad en realizarlo y en qué medida el corto modificó tu visión sobre el caso?
DH. La mayoría de los periodistas aceptó hablar sin ningún recelo. También tuvimos una buena ayuda de la mamá de Tatiana, que fue durante años profesora del curso de periodismo de la UFES [Universidad Federal del Espíritu Santo] y trabajó con algunos de los periodistas entrevistados. Una de las mayores dificultades fue el dinero, o mejor dicho, la falta de él. Éramos estudiantes, no trabajábamos, tuvimos que contar con el apoyo de nuestros padres, el famoso ‘padretrocinio’ (risas). Teníamos ganas de ir a Río de Janeiro para entrevistar a José Louzeiro, contratar un equipo más grande, pero nuestro presupuesto no lo permitía. El corto me hizo mirar el caso por otra perspectiva, la mirada de la prensa. Me pareció muy interesante, tuve que leer muchos libros sobre periodismo, y yo hacía Radio y TV, eso fue muy enriquecedor para mí. Hoy yo trabajo como editor de videotape en un noticiero de la TV Gaceta, una emisora afiliada de la Red Globo, y ese conocimiento teórico del mundo periodístico me ayudó mucho cuando fui a trabajar en esa área.
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