Noticias l Junio 2010

 

Seis personajes ganan la escena en esta comedia que aborda la diversidad sexual I Foto: Leandro Martínez

 

Teatro Crudo vuelve para celebrar la alegría, las miserias y el triunfo del amor

Miércoles, 23.06.2010

El próximo viernes se estrena en Buenos Aires la obra Quiero Pasar Una Tarde Con Franco, el más nuevo montaje de Teatro Crudo, con texto y dirección de Martín Marcou, que en esta ocasión propone una comedia que aborda el triunfo del amor, el cual nace a partir de un encuentro fortuito que origina una tierna y compleja historia.

 

La trama presenta a Valentino, quien es socorrido por Franco luego de sufrir un robo. Aquél entonces lo invita a merendar, a modo de agradecimiento, y es ahí cuando ambos se enamoran, sin sospechar que "la merienda puede caer pesada cuando la familia se vuelve impresentable". De acuerdo con su director, la obra tiene como temática la diversidad y busca asimismo ser un espacio para la reflexión, partiendo de la premisa de que cada persona debería ser respetada en su integridad, más allá de su orientación sexual.

 

Marcou, que anteriormente fue el responsable de puestas como Desmesura Vaginal, Rancho Blanco, Tortita de Manteca, Lame Vulva y Brillosa, revela que siempre estuvo interesado en la vida doméstica de los otros, en la alegría de vivir y las miserias celebradas, lo que no se puede clasificar y lo desconcertante, según sus propias palabras. "Quiero Pasar Una Tarde Con Franco está hecha de ese material y con ausencia de temor al ridículo, desde la libertad que me permito al jugar, mientras busco cómo contar una historia", afirma el autor y director teatral.

 

Al comenzar el proyecto, Marcou cuenta que tuvo claro desde un principio que no quería un trabajo 'meramente expositivo y redundante', sino armonizar su propio sistema e inspirarse de forma visceral, buscando nuevos recursos dramáticos. Para cumplir con su objetivo, convocó a los actores Marco Gianoli, Hernán Lettini, Puchi Labaronnie, Rosario Sabarrena, Pedro Aggollia y Eugenio Davide, que encarnan a los seis personajes presentes en el montaje.

 

El espectáculo, cuya duración es de 50 minutos, estará en cartelera todos los viernes, desde las 23:00, en el Teatro La Tertulia (Gallo, 826, Abasto, Buenos Aires), y las reservas pueden ser realizadas al número 6327-0303. La entrada general tiene un costo de $35, con descuentos especiales para estudiantes y jubilados.
 
Ficha Técnica


Texto y Dirección: Martín Marcou

Elenco: Hernán Lettini, Marco Gianoli, Puchi Labaronnie, Rosario Sabarrena, Pedro

Aggollia, Eugenio Davide

Coreografía: Aymará Abramovich I Maquillaje: Sol Osimi
Fotografía: Leandro Martínez I Escenografía: Ana Paula Fort Caneda
Realización escenográfica: Esteban Fort Caneda I Vestuario: Eleonora Boffi
Asistencia de vestuario: Cecilia Jazmín I Diseño de luces: Ariel Campos
Diseño Gráfico: Vanina Moreno I Prensa: Juan Bautista Britez
Producción: Checha Amorosi para Teatro Crudo

Asistencia general: Valeria Actis, Ana Rossi I Asistencia de dirección: Ariel Campos
Auspicios: Sentidog.com, Narciso Underwear, Radio Zonica, ABC Cultural, Casa Cruda -

Espacio Para Artistas

 

Los personajes


Franco I Hernán Lettini
 

Franco es luchador, observador, tierno y caballero. Milita por la igualdad de derechos para todas y todos. Es algo torpe con su cuerpo y obsesivo con muchas cosas. No cree en la violencia, ni la ejerce. Es algo tímido y reservado. Acepta tomar la merienda con Valentino porque piensa que ese día no habrá nadie en casa del anfitrión.

Valentino I Marco Gianoli

Valentino trabaja en una casa de ropa, su mejor amigo se llama Nicolás; es muy querido en el barrio, es generoso con los demás. A veces les cuida las nenas a La Etel y le paga las cuentas a La Hebe. Es sensible. Le gusta Betty Boop. Y le gusta el amor. Valentino espera a su príncipe azul y parece que lo va a encontrar.

Marcela I Puchi Labaronnie

Mamá del Beto, Fabiola y Valentino, Marcela es la jefa de familia. Su marido la abandonó. Tuvo un affaire con un canadiense, se sospecha que Valentino es hijo de ese hombre. Trabaja como telemarketer vendiendo planes de emergencias médicas junto a su comadre 'La Débora', que ahora es su jefa.

Fabiola I Rosario Sabarrena

Fabiola trabaja en el kiosko que pertenece a la familia. Tiene un novio motoquero al que nunca ve, y también un paraguas turquesa. Además estudia inglés. Con la madre no se lleva bien, pero con su primo Gastón sí. Es adicta tanto a los sándwiches de pastrón como a los cigarrillos mentolados.

Gastón I Pedro Aggollia

Gastón es el hijo de la hermana de Marcela Varano. Es el primo de Valentino, Fabiola y El Beto. Es peluquero. Te atiende la cabeza y después te destruye con la lengua. El padre le puso el negocio. Su tía lo ama. Se está animando con el diseño. A veces se siente solo, pero para esos momentos tiene su máquina de coser.

El Beto I Eugenio Davide

El Beto es el hermano mayor de la familia Longo, está desocupado hace dos años. Lo mantienen la madre, sus hermanos y principalmente su amante, una mujer mayor que él. No tiene filtro alguno para decir las cosas. Colecciona anteojos, ama a su madre, le gusta declamar siempre los mismos versos y la Coca-Cola.

 

Marins actúa al lado de Jannete Tomiita en una escena en que ella sale de dentro de un cerdo I Foto: Difusión

 

Demonios y Maravillas: el extraño mundo de José Mojica Marins I Parte 2 de 5

Jueves, 17.06.2010 I Autor: Jorge A. Grajales I Esta nota en portugués

Originalmente publicado en la revista Cinefagia, entre 18.09.2003 y 16.10.2003

El episodio con el vendedor de papas no sería la única vez en que Marins tendría aproximaciones con el mundo de los muertos. Años más tarde, a los quince, cuando paseaba con un amigo suyo, su bicicleta se descompuso frente al cementerio y con horror ambos vieron cómo varias luces resplandecientes se alzaban sobre las tumbas de los muertos. Éste es un fenómeno conocido como fuegos fatuos, pero para los impresionables chicos eran las almas de los muertos que estaban dispuestos a invadir el mundo. Dadas estas experiencias y viviendo en un país impregnado con magia y misticismo, resultado de la mezcla de grupos raciales y religiosos, no es de extrañar que las películas de José Mojica Marins, en especial sus cintas de horror, reflejen un singular y rico folclore que no se parece a nada que se haya filmado antes en ese país.

Al cumplir los diez años de edad, Mojica Marins pidió de regalo una cámara de 8 mm y con ella se aprestó a dirigir su primera película, llamada O Juízo Final. Influido por los cartoons de "Buck Rogers", "Flash Gordon" y otros títulos de ciencia ficción, así como por los sermones acerca del juicio final que escuchaba en la iglesia, esta película narraba cómo seres de otros planetas llegaban a la Tierra en féretros voladores para llevarse a aquellos que eran buenos, mientras que las personas malas eran paralizadas y convertidas en gusanos.

Asombrado por las ideas de su hijo, el padre de Mojica Marins invitó a varios de sus amigos, incluyendo al sacerdote local, a la exhibición de la película. Terminada la función, el cura recomendó tratamiento psiquiátrico para el chico y decidió expulsarlo de las clases dramáticas de la iglesia. Éste sería el primero de varios incidentes que enfrentaría Marins con la Iglesia. Pero el pequeño Mojica no se dejaría amilanar por esto. Todo lo contrario, ya que siguió filmando una gran cantidad de cortos en 16 mm, la mayoría de ellos con temáticas horroríficas (algunos de los cuales volvería a filmar para la serie de televisión "Além, Muito Além do Além") y algunos otros que en cierta medida retrataban la cotidianeidad y realidad de su pueblo de clase obrera, como Os Lugares Por Onde Eu Passei (su segunda aventura fílmica, con duración de 20 minutos, que capturaba en celuloide sitios y amigos de Vila Anastasio), Fantasia Cinematográfica (un breve documental de 15 minutos que explora la magia del cine a través de las salas de exhibición en la Boca do Lixo) y Greve dos Vagabundos (sobre dos mendigos que van a parar al palco de un importante evento cultural y que aprovechan la ocasión para pedir al pueblo que dé oportunidades de trabajo a los mendigos, afirmando que la falta de cultura no es un defecto).

Estas aventuras fílmicas habían preparado ya al joven Mojica para lanzarse a dirigir su primer largometraje en 35 mm. Titulado Sentença de Deus, el proyecto se vio inacabado al darse una serie de desgracias: la actriz principal se ahogó en una piscina, su reemplazo murió de tuberculosis durante la filmación, y una tercera fue atropellada y perdió una pierna. Mojica decidió cancelar el rodaje definitivamente. Años más tarde conoció a una escritora, Aldenoura de Sá Porto, y juntos convirtieron el guión en una novela, la cual se vendía en espectáculos circenses donde se proyectaban las escenas que se llegaron a filmar.

Su siguiente proyecto, No Auge Do Desespero, fue también alcanzado por la desgracia; la filmación tuvo que parar cuando una tormenta destruyó todo su equipo, incluyendo la cámara. Sería hasta 1959, cuando contaba con 23 años de edad, que Marins realizaría su primer largometraje completo: A Sina do Aventureiro, el primer western brasileño y la primera película realizada en Cinemascope en ese país. La cinta fue vista por la Iglesia como un ataque a la moralidad debido a una escena en que dos mujeres eran vistas desnudas (a una distancia de 100 metros de la cámara) tomando baño en una cascada, y se comenzó una campaña para prohibirla, especialmente en las ciudades más pequeñas del Brasil, donde la Iglesia tenía más poder.

Para no tener más problemas con la Iglesia, Marins decidió hacer una película que fuese de su agrado. El resultado fue Meu Destino em Tuas Mãos, una historia sobre chicos descarriados que son regresados al camino del bien por un sacerdote. La película fue todo un fracaso y sus productores perdieron dinero. Su siguiente proyecto, Geração Maldita, atravesaba varias problemas de producción que desalentaban a Mojica. Una noche, para ser más exactos la noche del 15 de octubre de 1963, abrumado por todos estos problemas financieros, agravados por deudas generadas por publicar una serie de fotonovelas, que lo habían dejado en quiebra y obligado a mudarse con la familia de su esposa, Mojica tuvo una pesadilla de fiebre. O una visión. En ella, una figura sin rostro y vestida completamente de negro lo arrastraba hacia un cueva, donde contempló una gigantesca lápida con su nombre grabado en ella, así como la fecha de su nacimiento y la de su muerte, que se rehusó a ver. Fue entonces cuando vio el rostro de esa siniestra figura de negro que no paraba de reír de manera macabra y se dio cuenta de que era él mismo. La experiencia lo impresionó tanto que al despertar tenía ya la idea y el título para una nueva película, y la trama y el personaje principal grabados en su mente. Abandonando por completo el proyecto de Geração Maldita, Marins se dedicó a reunir los fondos necesarios para filmar À Meia-Noite Levarei Sua Alma, película que terminaría estrenándose el 9 de noviembre de 1964.

La cinta en blanco y negro se centra en Zé do Caixão, el dueño de la funeraria de un villorrio pobre, conservador y profundamente católico. En total contraste a ellos, Zé es un hombre abiertamente ateo y blasfemo sin ningún sentido de la moralidad y ética que no sea la suya propia y que disfruta al provocar a la comunidad. Vestido siempre de negro y con las uñas bastante largas, Zé está obsesionado en tener un hijo que continúe su legado y su manera de pensar. Lamentablemente, Lenita
su pareja no puede tener hijos. Así que Zé centra su atención en Terezinha, quien cumple sus requisitos para ser la mujer ideal que pueda engendrar a su hijo. Pero ella es la prometida de Antonio, el único amigo verdadero de Zé. Esto no es algo que lo detenga, así que después de urdir un plan en el que asesina a Lenita y Antonio, tiene el camino libre para acercarse a Terezinha. Al resistirse a los avances de Zé, la chica es violada por él y se suicida, pero no sin antes maldecirlo y prometer arrastrar su alma al mismísimo infierno. Desilusionado por su muerte, Zé continúa buscando a la mujer ideal que conciba a su hijo. Ésta aparece en la víspera del Día de los Muertos en forma de una joven y guapa visitante que, al igual que Zé, tiene una visión atea del mundo. Sin perder tiempo, Zé se ofrece a acompañarla a la casa de la tía a quien visita, ubicada cerca del cementerio local. En el camino se topan con una vieja bruja, quien le advierte a Zé que esa medianoche la maldición de Terezinha se cumplirá....

Filmada en un pequeño set durante dos semanas, À Meia-Noite... resultó ser una película atípica en Brasil por numerosas razones. No sólo es el primer film de horror realizado en esa región, sino también una con visión muy personal y actitud profundamente sacrílega cargada de imágenes bastante explícitas y atrevidas para la época. Y aunque Marins no muestra grandes aptitudes técnicas, la película cuenta con momentos bastante logrados, en especial las escenas finales en el cementerio y la procesión de los muertos filmadas en negativo. Otro punto a su favor es la atmósfera generada a lo largo de toda la película y sus evocativos créditos iniciales, en los que Zé do Caixão aparece recitando un monólogo sobre la vida, la muerte y la religión, para después abrir paso a la vieja gitana dando una señal de advertencia al público sobre la naturaleza de la película, muy similar a las introducciones del Guardián de la Cripta o la Vieja Bruja en las historias de los títulos de horror de los EC cómics como "Tales from the Crypt" o "The Vault of Horror", que sin duda fueron una influencia para Mojica Marins.

A pesar de sus aterradoras escenas sin precedentes de sexo, violencia y sadismo, el aspecto más perturbador de toda la película es la figura de Zé do Caixão, un villano que
aunque parezca contradictorio es honesto y directo, creyente de todo lo que dice y hace. En cierta forma, es como el Zaratustra de Nietzsche: un hombre más allá del bien y del mal, que cree en los hechos y acciones. Un verdadero existencialista. Zé sostiene que el propósito de la vida es vivirla, mientras que los residentes del pueblo viven prisioneros de sus propias supersticiones y miedos. Al igual que la filosofía satanista postulada por Anton La Vey, viste completamente de negro y protege a los niños, lucha por la inocencia y pureza, buscando siempre al hijo perfecto a través de la mujer superior. Y, a fin de cuentas, él quiere hacer al mundo un lugar más pacífico para vivir, siendo su filosofía no importar que cien personas mueran si un millón están seguras.

Tal vez por ello Mojica no encontró a nadie que quisiera encarnar al personaje y terminó haciéndolo él mismo. Tomando de improviso la capa negra del cuidador del 'estudio' que estaba metido en ceremonias de candomblé y aprovechando las uñas largas de sus pulgares que se había dejado desde niño, Mojica dio vida a Zé do Caixão, a quien complementó con un sombrero de copa y un medallón. Sería la solución más sencilla que Mojica tendría para esta producción plagada de problemas financieros y en la que todo parecía conspirar en su contra: los actores se rehusaban a trabajar con las arañas cangrejeras y los técnicos decían que era imposible construir el escenario en un estudio tan pequeño. Y cuando no eran los creadores, era la policía, que llegaba atendiendo las quejas de los vecinos. Para terminar la filmación a Mojica no le quedó más remedio que vender todo lo que tenía: ropa, muebles, cuadros, el auto de la familia y su casa, por lo que su esposa tuvo que regresar de nuevo a vivir a casa de sus padres. Y para rematar, en el último día de filmación, cuando a Mojica ya no le quedaban más recursos para continuar, los actores no quisieron trabajar debido al mal tiempo. El director se enfureció y los obligó a terminar a punta de pistola, la misma que utilizaba en la película.

 

Pese a la censura de varias escenas ejercida en ciertos poblados, la película se convirtió en todo un éxito. Lamentablemente, Marins nunca vio un centavo de estas ganancias, ya que para terminar de pagar deudas y llevar comida a su familia, tuvo que vender todos los derechos de la cinta. A lo largo de su vida, Marins se encontraría en situaciones similares, gracias a su impulsividad y obsesión en por hacer cine.

 

José Mojica Marins interpreta al mítico Zé do Caixão en la cinta Encarnación del Demonio I Foto: screenshot

 

Demonios y Maravillas: el extraño mundo de José Mojica Marins I Parte 1 de 5

Jueves, 03.06.2010 I Autor: Jorge A. Grajales I Esta nota en portugués

Originalmente publicado en la revista Cinefagia, entre 18.09.2003 y 16.10.2003

Si existe, es porque hay una razón para que exista. (Finis Hominis)

Brasil, 1964. Un golpe militar derroca al gobierno volviendo el clima cultural de la región en peligroso y gélido gracias a la censura y la represión. Entre tanto, en las calles de Sao Paulo se gestaba un movimiento cinematográfico underground que, tomando su nombre de un distrito de clase obrera llamado Boca do Lixo (Boca de la Basura), se conocería como cinema do lixo. Conformada por intelectuales de izquierda y cineastas pertenecientes al post cinema novo, la propuesta del cinema do lixo era el ir en contra de las crecientes producciones refinadas del cinema novo, colocando en su lugar una forma de hacer cine que fuese barata, cruda y provocativa.

Sin embargo, algunos años antes, un cineasta brasileño ya venía realizando este tipo de películas: José Mojica Marins, el hombre que prácticamente fue el creador del cine de horror en Brasil, artífice del personaje cinematográfico más famoso de esa región, un sepulturero ateísta llamado Zé do Caixão, que se convertiría en todo un icono de la cultura popular brasileña. Descrito como una mezcla de Russ Meyer, Luis Buñuel y Mario Bava, el cine de José Mojica Marins es extremadamente extraño, combinación de surrealismo y expresionismo, nihilismo nietzcheano y culpa cristiana, horror gótico y primitivismo tercermundista. Pero si su cine rebasa los límites de lo extraño, su vida lo es aún más.

Cuando tenía tres años fue secuestrado por un grupo de gitanos. A los 10 fue expulsado de la escuela católica por filmar una corto en 8 mm donde los buenos eran llevados a el cielo en un ataúd volador y los malos se convertían en gusanos. Antes de cumplir 15 años, Marins había filmado ya 20 cortos y fundado su propio 'estudio' en un gallinero. A los 17 tuvo que interrumpir su primer largometraje debido a las trágicas muertes de tres actrices elegidas para interpretar el papel principal.

Durante la década de los 60 dirigió cinco de los más grandes taquillazos del país (y de los cuales no vio ningún centavo), tuvo sus propios programas de TV, cómics, y grabó algunos discos relacionados con el personaje de Zé do Caixão, del cual hubo también varios productos que iban desde aguardiente hasta desodorantes ("Desodorantes Misterio: espanta Cualquier Olor"). Dirigió westerns, comedias musicales y pornochanchadas, género en el cual tuvo la distinción de filmar la primera escena de sexo entre un perro y una mujer en Brasil. Estuvo en la cárcel, se postuló al congreso como diputado, fundó su propia iglesia y su escuela de cine, y tuvo 23 hijos con siete mujeres distintas. José Mojica Marins ha sido también el cineasta más censurado y perseguido en la historia del Brasil y el único realmente independiente de su país.

Hijo de padres españoles, José Mojica Marins nació en 1936 tras una gestación de once meses, retraso debido a una condición irregular del vientre de su madre. Siendo su padre torero y su madre cantante de tangos, vivían recorriendo varias localidades del Brasil hasta que después del robo de su hijo por parte de unos gitanos, decidieron abandonar la vida errante y asentarse definitivamente en el barrio de Vila Anastasio, en São Paulo. Ahí, después que la sociedad protectora de los animales lograra que la fiesta brava se prohibiera en Brasil, se dedicaron de tiempo completo al cuidado y manejo del cine del barrio, llamado Santo Estêvão, propiedad de un primo del Sr. Mojica y para cuyo fin tuvieron que irse a vivir en él, justo detrás de la pantalla. Fue allí donde a temprana edad Mojica Marins se interesaría por las imágenes en movimiento.

A la edad de 7 años, Mojica desarrollaría un fuerte interés en los quadrinhos (nombre con el que se conocen a las historietas en Brasil y de las cuales llegó a tener una de las colecciones más grandes de esa región) y en los fenómenos sobrenaturales, especialmente con el tema de la muerte, gracias a un acontecimiento que le marcó de por vida. Cuenta Marins que cerca de donde vivía había un expendio de papas cuyo dueño solía contarles relatos acerca de la muerte, sobre cómo la gente después de morir iba al cielo, donde había muchos animales y las personas podían comunicarse con ellos. Un día, este señor murió y todo el pueblo asistió a su funeral. Inconsolable, la viuda lloraba y gemía diciendo que sólo los buenos morían mientras que los malos seguían vivos. Sus hijos sugirieron que todos rezasen para que regresara su padre, cosa que todos hicieron incluyendo el propio Marins y tres de sus amiguitos. Grande sería la sorpresa para todos cuando, durante sus oraciones, el cuerpo dentro del ataúd comenzó a moverse. Como si nada hubiese ocurrido, el hombre se incorporó de su féretro, todavía con algodón dentro de su boca y fosas nasales, al tiempo que toda la gente reunida huía despavorida, incluyendo a su esposa, su madre, sus hijos y el sacerdote. En el lugar sólo permanecieron Mojica y sus tres amigos, curiosos por saber lo que había pasado. Obviamente el hombre no estaba muerto sino que sufría de catalepsia, algo que en esa época era totalmente desconocido en la región. Al final, la esposa dejó al desafortunado hombre, alegando que ése no era su marido, sino que era el mismo demonio que se había posesionado de él. Nadie más volvió a su tienda a comprarle papas y entonces trató de asentarse en otro poblado, pero los rumores le acompañaron y fue mandado a un manicomio, donde murió dos años después. Tales eventos marcarían a Mojica para siempre.

 

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